sábado, 7 de abril de 2012

Lo que CamiArte nos dejó

“Todavía quedan restos de… buen gusto” pudiera decirse, casi parafraseando una emblemática y atrevida canción de Pablo Milanés, al pensar en lo que le dejó a Santa Clara la segunda edición del Evento CamiArte.

La idea parte de Joel y Roxana, líderes del Grupo Estudio Teatral de Santa Clara y de sus amigos, de los tantos que tienen en el mundo del teatro, del Grupo Grenland Friteater de Noruega y lo que se pretende, desde la primera propuesta el pasado año, es “tocar” diversas plazas, calles y sitios públicos de la capital villaclareña con muestras de arte de muy diverso signo.

Se trata primero que todo del arte y otras expresiones culturales que viven en la propia ciudad y que a veces, por diversas razones no llegan a todos los que debiera.

También, y sobre todo esta vez, de compartir, más que mostrar, ejemplos de arte y cultura noruegos enseñados por la reconocida actriz Geddy Aniksdal pero representados por artistas santaclareños.

Como en la edición anterior la caravana artística partió de uno de los puentes de la zona conocida por “Abel Santa María” y concluyó, físicamente habando, en el antiguo Hospital Psiquiátrico hoy convertido en Centro del Teatro y la Danza en la salida norte de la urbe.

Este año hubo más “paradas” demostrativas que son momentos donde la caravana se detiene para hacer demostraciones muy diversas y de paso darle al público, que son en su mayoría los vecinos de cada lugar que en muchas ocasiones se incorporan a la acción y le dan ese criollismo que tanto sazona la vida cotidiana de los cubanos.

Fueron tres días de un mini carnaval en el que se dieron la mano, sin concesiones estilísticas ni conceptuales, el rock, la salsa y la música coral, el teatro, la danza, el circo, las tradiciones y aficiones culturales propias de esta zona del país, cine, poesía, religión y arrebato bailable juvenil, artes plásticas y alegría de pueblo.

Todo se mostró, se hizo y lo más importante: se disfrutó, haciendo una parada en nuestra cotidianidad para llenárnosla de buen gusto y solidaridad que son, en fin de cuentas, dos de los mejores resultados del arte y la cultura.

Los que se pasan la vida elucubrando y teorizando sobre la cultura popular o comunitaria tienen en CaminArte una acción eficaz de cómo llevarlas a la realidad de la gente, que es donde mejor vive la cultura, y de cómo unir en una simbiosis eficiente el arte de alta elaboración con las expresiones sencillas en su formalidad pero bellas en su mensaje y que llegan y quedan en las personas, los ciudadanos de estos tiempos, de esta ciudad de la benefactora y patriota Marta Abreu y del mítico guerrillero, el Che Guevara.

Junto a los artistas promotores y hacedores de CaminArte anduvieron de acompañantes protagonistas cientos y quizás miles de santaclareños, no sé, no los conté y creo que no podría.

Había desde niños en brazos hasta viejitos lentos de caminar, amas de casas que abrieron los balcones y puertas de sus casas para que allí se hiciera algo artístico o simplemente para ver y llenarse con “aquello que estaba pasando”, nadie quedaba indiferente al suceso y de una manera u otra también anduvo con CaminArte.

Sé que las tradiciones no pueden imponerse, ni institucionalizarse, ni decretarse, casi no pueden ni sugerirse pero si abogo porque CaminArte se mantenga en Santa Clara, se extienda a otras calles, plazas y zonas de la ciudad, se sumen otros artistas, otras expresiones y otras iniciativas porque lo que no se puede perder es esta otra oportunidad de alegrarnos y enriquecernos el alma desde el mismo lugar donde vivimos.


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